21/05/2004

Así vive la bestia


En los ombligos que apuntan al cielo como parabólicas en busca del satélite Eros, en las insistentes miradas y el olor animal que llena los vagones del metro, en los poros de las piernas que se abren para respirar, en la cadenita que bailotea en el tobillo de Azul cuando la tomo por detrás, en los tatuajes que emergen desde las bombachas: todo es sexo. El calor, por fin el calor en esta parte rica e inhóspita del planeta, está de vuelta, y París no es más que una piel húmeda y alerta, una epidermis cachonda que nos envuelve.

Azul abandonó el castillo. Súbitamente. Volvió sin ganas de contar lo que pasó en los últimos días y con un cheque de 5 mil euros. Su primera venta, nunca tuvo tanto dinero junto.

El calor terminó por derretir los malentendidos y reactivar nuestra libido. Mi departamento se ha convertido en una burbuja tibia donde el tiempo ha quedado suspendido. Vivimos sobre todo de noche, instalados en el colchón, en el piso, donde está más fresco.

Funcionamos en un microclima impermeable al mundo, como si viviésemos en un lejano planeta. El lugar está habitado por un único animal, la bestia de dos espaldas. Sus movimientos son espásticos y nunca se aventura más allá del colchón. A veces se divide en dos para que una mitad busque una cerveza en la heladera.

La alimentación básica de la bestia consiste en pizza o comida china del delivery y, últimamente, consume cantidades industriales de helado Haagendas de dulce de leche, una sustancia que lame directamente del pote o desde las distintas concavidades y convexidades de la bestia misma. Lo que explica que la única sábana que recubre el colchón tenga manchas marrones muy concurridas por las primeras moscas del año.

Al pie de la cama, la televisión sin volumen. No la miramos, todo lo contrario, ella es el mudo testigo de algo que se parece bastante a la felicidad. Tratamos de aprovecharla: ya se sabe, el amor dura tres meses.

A veces, exhaustos, miramos el cielo raso. Observamos y comentamos el dibujo de las grietas, como si se tratase de dioses helénicos. Tratamos de interpretar sus formas para que nos digan qué hacer con los 5 mil euros.

La luz de la mañana (nos olvidamos siempre de cerrar las cortinas) nos abre los ojos para dejarnos ciegos. Salgo a trabajar. El calor me impide ponerme un suéter para tapar mi camisa, que no he planchado en 6 meses. Trato de que mis arrugas y mi tonta sonrisa de felicidad – lo único imperdonable en el mundo donde evoluciono – no me valgan una sanción.

(Se buscan opiniones sobre la nueva versión de este blog, echen por favor un vistazo a http://asivivo.blogspot.com/)



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